20 Abr LA PRISA ADULTA Y LA LENTITUD EN LA INFANCIA
Vivimos en una cultura que corre. Corremos para llegar al trabajo, para recoger a tiempo, para hacer la compra, para contestar mensajes, para cumplir horarios y para llegar a todo. Sin darnos cuenta, ese ritmo acelerado también entra en la vida de la infancia. Y entonces aparece una tensión constante: el mundo adulto va deprisa, pero la infancia necesita tiempo. Los niños no viven el tiempo como nosotros. No tienen interiorizada esa urgencia permanente por terminar, producir o aprovechar cada minuto. Su manera de estar en el mundo es otra: más...
